Beneficios e inconvenientes de las oficinas diáfanas, según el CEC

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¿Puede condicionar el espacio de trabajo o su disposición el desarrollo y desempeño de un trabajador? ¿Qué nos está transmitiendo sobre una oficina diáfana frente a otra de distribución tradicional dividida en despachos particulares con respecto a la filosofía e intenciones de la empresa?

El Centro de Estudios del Coaching (CEC), la escuela de formación en coaching, liderazgo y consultoría de empresas, considera que la estructura y disposición de los espacios de trabajo es determinante para lograr el equilibrio en los entornos laborales y establece 6 beneficios de este tipo de espacios diáfanos. La distribución espacial representa otro de los diversos niveles de comunicación de la empresa hacia sus colaboradores, manifiesta un tipo u otro de intencionalidad u objetivo y condiciona de manera decisiva el tipo de relaciones.

Para José Manuel Sánchez, Socio Director del Centro de Estudios del Coaching (CEC), “el aspecto físico de las instalaciones de trabajo debe estar regido por la coherencia. Las oficinas son como el cuerpo de las empresas, su dimensión física. Y si para las personas, el cuerpo es el reflejo del alma, las oficinas de la empresa deberán estar también en sintonía con el mensaje verbal de sus directivos y con las emociones que gobiernan las relaciones en ese lugar de trabajo. Para que exista equilibrio; cuerpo, emoción y lenguaje deben contar la misma historia. Y cuando surge incoherencia en estos tres niveles, se da más credibilidad a lo que dice el cuerpo y las emociones que a las palabras”.

En los últimos años, la tendencia en muchas compañías y centros laborales es convertirse en espacios diáfanos. Este modelo nació en Alemania en los anos 50, después arraigó con fuerza en EEUU y se ha extendido por todo el mundo de manera imparable. Pero tanto este como el tradicional de separación de despachos, condicionan las relaciones, el ambiente y el trabajo o resultados de los empleados. Y tanto uno como otro tipo, pueden ser más favorables para el desarrollo de según qué tipo de actividades o tareas, o lo que es lo mismo, ambos tienen pros y contras.

En favor de los espacios diáfanos de trabajo:
Mejoran la comunicación, ya que promueven el diálogo entre empleados y permiten que las ideas circulen mejor y más rápido. De esta manera, se puede compartir el conocimiento y se transmite un mensaje de transparencia, apertura y comunicación.

Fomentan la creatividad común e individual. Cuando la comunicación aumenta y, las ideas circulan se retroalimentan y se multiplican, crecen, se diversifican generando más y más posibilidades.

Economizan espacio y dinero. Hay un ahorro de metros cuadrados al organizar a los empleados en un único entorno sin necesidad de construir muros, tabiques, pasillos etc. Por tanto, también, un ahorro económico.

Flexibilidad de la disposición espacial. Un espacio abierto es más flexible y, por tanto, tiene más posibilidades para poder cambiarlo y organizarlo o distribuirlo a medida que las necesidades vayan cambiando.

Aumenta la competitividad. Al estar todos juntos, se reducen las actividades “no laborales” o de ocio y como utilizar las redes sociales si no es para el trabajo etc. al tiempo que las buenas prácticas se extienden por el efecto de emulación entre unos y otros y porque se posibilita la vigilancia del trabajo que se está desarrollando.

Democratizan el entorno y sus características en, prácticamente, todos los sentidos. En los espacios diáfanos, hasta la luz suele alcanzar por igual a todas las posiciones o ubicaciones de cada empleados.

Y sus inconvenientes:
Perjudica la concentración y la productividad debido al ruido
. Ciertos trabajos requieren silencio o al menos, un ambiente tranquilo. El riesgo de las oficinas abiertas es el ruido constante debido al gran número de trabajadores que comparten espacio. Por otra parte, las continuas interrupciones y distracciones acarrean la dificultada para recuperar esa concentración en la tarea, lo que puede repercutir en la productividad y, en ocasiones, en un aumento de errores.

Pérdida de la privacidad. La ausencia de tabiques o separaciones supone la exposición continua ante los demás, lo que puede llegar a resultar incómodo en ciertas circunstancias.

No lleva aparejado realmente la eliminación de las jerarquías y estatus como se pretende en algunos casos. Como se recordaba al principio, si no hay coherencia entre los mensajes de los demás planos: el verbal y el transmitido por el ambiente, surgirán desavenencias y problemas.

Puede llegar a favorecer conflictos y la hostilidad por causas como, por ejemplo, la existencia de mucha competencia entre los empleados.

En definitiva, por lo general, los espacios abiertos contribuyen a mejorar ciertas actitudes, habilidades y prácticas en el trabajo. Pero lo más importante es que haya coherencia entre el lugar en el que se trabaja (espacio físico), las conversaciones públicas y privadas o mensajes verbales que se transmiten desde la dirección y el clima laboral o ambiente emocional que reina entre todos los miembros de ese sistema.

Según afirma José Manuel Sánchez, “cuando esta coherencia falla y surgen las diferencias, estas traerán problemas. La incoherencia en uno de los tres niveles mencionados, se manifiesta negativamente en los restantes”. ¿Qué apertura y transparencia puede querer fomentar una empresa en la que sus empleados se aislan durante horas en sus propios despachos? Por ello, conviene detenerse a analizar con más detenimiento no sólo lo que se quiere transmitir, sino cómo se hace para transmitirlo de una forma coherente y alineada.

Fuente Comunicae